
"No sería una catástrofe mi renuncia, la puerta está abierta", así lo deslizó el máximo Pontífice durante el vuelo de regreso de Canadá a Roma. "Tengo que ahorrar fuerzas para poder servir a la Iglesia o por el contrario echarme a un lado", confesó a raíz de su edad y sus problemas de rodilla.








